Javouhey.  Beata Ana María
              [965](1779-1851)

 
   
 

 

  Fundadora de las “Hermanas de San José de Cluny” en 1807. Mujer llena de fe, recorrió los mares y los continentes, se enfrentó con los políticos y con los mercaderes, desafió a los enemigos y, sobre todo, a los amigos, para cumplir, en su aventurera vida, la gran misión para la que se sintió elegida.  Fue modelo de eficacia y de pedagogía misionera.

Era pedagogía del amor y de la adaptación. Su secreto siempre estuvo en su corazón inmenso, capaz de amar sin medida a todos. Y fueron sus palabras, siempre llenas de experiencia y sentido práctico, las que daban fuerza y verdad a quienes la acompañaban en su viaj

  Era pedagogía de la lucha. Sobre todo, su fortaleza estuvo en sus hechos, en sus compromisos, en sus ejemplos personales, en sus horas de vela y en sus fatigas interminables.

Era pedagogía de la evangelización y de la misión. Los años que pasó en Africa o en América, animando y apoyando las obras misioneras que iban surgiendo en parajes exóticos, fueron sus mejores credencia­les ante las autoridades de la Metrópoli.
    Mientras su Instituto de “Hermanas de San José de Cluny” se extendía en Fran­cia, en donde el ideal misionero prendía en multitud de corazones generosos, ella se empeñaba en aportar con humildad y con sabiduría su trabajo cotidiano en el hospital o en la escuela, con los huérfa­nos y con los jefes de tribu, con los adultos y con lo niños de las aldeas y de las plantaciones.
    Luego regresaba al centro de gobierno de su obra, que se hallaba en París, aunque para ello nunca tenía prisa, pues sus viajes duraban años. Entonces traía la experiencia y el amor a flor de piel y todo se arreglaba como si ella hubiera estado presente.
   Tal era el espíritu sembrado en sus seguidoras. Y tales eran los efectos del fuego recibido bajo el sol ardiente de la Africa desafiante o en las húmedas brisas de la costa y de los ríos de la lejana América.
   Nació en 1779 en Jallanges, Costa de Oro, en Francia. En 1795 prometió a un sacerdote escondido por la familia, el Abate Ballan­che, que se consagraría a la educación cristiana de los niños, sobre todo huérfanos. En 1804 fundó una pequeña Comunidad en Chamblac con tres hermanas.

   En 1805 saludó en Pío VII, que regresaba a Roma después de la obligada coronación de Napoleón en París y se detiene en Chalon. Su grupo nació allí, en Chalon sur Sâone. En 1806 dedicó la capilla de Chalón a S. José, y la sociedad tomó el nombre del Santo. Fue reconocida el 12 de Diciembre de 1806 por Napoleón.
    En 1810 las escuelas se multiplicaron en Autun, Besançon, Meaux, etc. En 1812 inició la Casa Central en Cluny. En 1815 abrió la escuela de París para afianzarse en la Capital. En 1817 salieron para Bourbon, en la Reunión, las prime­ras misioneras y en 1918 envió un segundo grupo.
  

   

 

 

 

 

En 1819 salió un grupo para Senegal y para la Isla Guadalupe. Ella viajó en  1822 con un grupo de Hermanas hacia la Guyana y luego fue a Senegal, donde permaneció dos años en intensa actividad. Pronto abrió otra casa en el marco de las colonias de Francia.
    En 1824, en La Martinica y en la Guayana francesa, fundó la más hermosa de sus obras. En Mana abrió la leprosería de Acoraounay. Luego, en Senegal, llevaron un grupo de muchachos negros para que estudiaran para el Sacerdocio y algunos llegaron a ordenarse.
  

 Las casas se multiplicaron: en Pondi­chery, en la India; en Cayena, para educar a los negros antes de proclamar la libertad; en las Antillas, en La Martinica y en Guadalupe con centros educativos; en Madagascar y en Tahití, en Oceanía. En 1844 se abrió la Casa de Karikal, en la India.
   El 15 de Julio de 1851 falleció en París. Contaba la Congregación 1.164 religiosas con 118 casas en todo el mundo.  Fue Beatificada el 15 de Octubre de 1950 por Pío XII.